• EL PUNTO DONDE SE PRESENTA LA CONSAGRACIÓN

  • por: pastoramaite Subido: 13-06-11
  • “No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado por instrumentos de iniquidad; sino presentaos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios por instrumentos de justicia” (Ro. 6:12, 13),

    La revelación y la fe son seguidas por la consagración. Estamos muertos y resucitados; ahora sobre la base de la muerte y resurrección debemos presentarnos. Desde el versículo 12  hasta el 23, la palabra más importante es “presentar”. Muchos han dado a esta palabra el significado de “consagración” y con razón; pero no es la consagración como generalmente la entendemos. No es consagración en el sentido de ofrecer talentos, dones, poderes naturales, etc., al Señor para su uso.

    Nótese esta cláusula en el versículo 13: “como vivos de entre los muertos”. La consagración a que se refiere aquí no es la consagración de algo perteneciente a la antigua creación, sino de aquella que ha pasado por la muerte a la resurrección. La entrega, que aquí se menciona, es el resultado de conocer la crucifixión de mi viejo hombre, y contarlo como crucificado. El saber, el contar y el presentar es el orden divino. Cuando realmente sé que ya estoy crucificado, entonces espontáneamente me cuento muerto; y cuando realmente me cuento uno con el Señor en su muerte y resurrección, esto me lleva a presentarme a Él. Él es la fuente de mi vida, Él es mi vida: así que no puedo menos que entregar todo a Él, porque todo es suyo, no mío. Sin pasar por la muerte, no tengo nada para consagrar, y no hay nada que Dios puede aceptar, porque Él ha condenado todo lo que es de la antigua creación en la Cruz. La muerte ha eliminado todo lo que no puedo ser consagrado a Él, pero la resurrección ha hecho posible la consagración. El presentarme a Dios sencillamente significa que yo considero mi vida entera como perteneciente al Señor.

    Ningún verdadero siervo del Señor debe permitir que sus pensamientos y emociones actúen independientemente. Cuando su hombre interior requiera liberación, el hombre exterior deberá proporcionarle un canal por el cual el espíritu pueda salir y llegar a otros. Si no hemos aprendido esta lección, nuestra efectividad en la obra del Señor será muy limitada.

    “Señor, por el bien de la iglesia, por el avance del evangelio, para que Tu tengas libertad de actuar y para que yo mismo pueda avanzar espiritualmente, me entrego a Ti total e incondicionalmente. Señor, con gusto y humildemente me pongo en Tus manos. Estoy dispuesto a que te expreses libremente por medio de mí”.

    “Señor, doblega a la iglesia para que salves al mundo” 


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